Cuánto vale y cuánto se paga el trabajo del escritor

Hagámoslo. Asentemos las bases del oficio de la escritura. Mostremos la tarea de edición. Demostremos la valía de la calidad. Por la cultura. Por el entretenimiento. Por amor al arte, sin renunciar a un trabajo digno. Por convertir un sueño en realidad. Por ser aquello que de verdad quieres ser.

El blog de Guillermo Schavelzon

Hay escritores que trabajan en su obra, sin preocuparles por si ese trabajo será remunerado o no. Otros, consideran que escribir es un trabajo profesional, por lo que corresponde que se les remunere como tales.

Borges nunca se preocupó por cobrar por sus cuentos o poemas, vivía de su trabajo en el municipio, de colaboraciones periodísticas, luego de dar conferencias y de su salario como director de la Biblioteca Nacional, pero nunca de sus derechos de autor. Igual que Juan Rulfo, que en vida solo publicó dos breves libros que, aunque transformaron la literatura en español del siglo veinte, tenían muy poca venta. Para vivir, Rulfo trabajó toda la vida como editor de un organismo gubernamental. En esa época, la edición todavía era una actividad cultural, ahora, es una actividad industrial, como tal, lo que prima es la rentabilidad.

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El patrón de los lectores

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme... ...no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. [...] Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más del año) se daba a leer libros... Leer más →

Poniente

El primer consejo para aprender a escribir es leer, leer y seguir leyendo. Además, suele ser tan efectivo que terminas culturizándote en multitud de temas (a saber, cuánto vive un elefante, cómo hacer un huevo frito o cuándo se descubrió América). Mi nueva rutina me permite -porque así me lo exijo- leer mucho más. Entre... Leer más →

Amanecer: con oficio y beneficio

Si me permitís una breve descripción de mí misma, diría que soy un tanto peculiar. Me gusta vivir en mi mundo. No sigo modas, ni siquiera las noticias y me cuesta mantenerme conectada en las redes sociales porque me distraen de mi mundo. Pienso que todos tenemos poder para cambiar nuestra propia vida y procuro... Leer más →

Mirando a Cuenca

Era un viernes por la tarde antes de Navidad y las calles estaban desiertas. Multitud de charcos esperaban a ser pisados. Las casas colgadas observaban el río Huécar desbordado.  Los insensatos que se atrevían a cruzar el puente de metal cerraban sus paraguas por miedo a volar por los aires como Mary Poppins. La tormenta... Leer más →

Aquí hay duendes

Una insistente tirantez eleva el bolígrafo. Erecto, desliza su punta húmeda sobre el papel, provocando oleadas de mágico placer. Debo confesarlo: he comenzado a fantasear con esos dibujos. Los visualizo una y otra vez, recorro sus formas y, mientras acaricio sus colores, ellas me susurran sus historias al oído. Un escalofrío me recorre de pies... Leer más →

Tendré una hija que se llamará Nora y se parecerá a su padre. Me lo dijo ella misma a través de las estrellas. Lo dejaré todo para cuidarla mientras me recupero de las secuelas del embarazo. Poco a poco, me reincorporaré al trabajo. Pero será en un lugar distinto al anterior y me sentiré más... Leer más →

De masajes y finales felices

Al primer contacto con el agua, conseguí olvidarme del techo blanco y la lámpara fluorescente. Escuché cómo abría un bote de plástico y mis fosas nasales se embriagaron del olor a manzana sintética del champú. Entonces comenzó a masajearme el cuero cabelludo, suave y uniformemente, haciendo mucha espuma, sin prisa, sin pausa, trasladando aquella sensación... Leer más →

El hastío del autómata

Suena el despertador. Lo para. Salta de la cama al baño. Se pone la ropa que hay preparada en una silla, se sirve una taza de café y se lo bebe de un trago mientras mete el táper del día en su cartera y agarra las llaves del coche. Todavía no ha despegado del todo... Leer más →

Miércoles: Apocalipsis

La cucharilla del café comenzó a vibrar en la taza vacía. Levanté los ojos de la pantalla del ordenador, buscando la causa. Asombrosamente, nadie más en la oficina parecía percibir ese temblor. Una sombra cruzó la ventana. El cielo había oscurecido: ¡el pico de la catedral de Barcelona estaba en llamas! Quise levantarme, pero la... Leer más →

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